GRAN PREMIO DE CHINA DE FÓRMULA 1

Hamilton triunfa, Sainz conquista el 7º y McLaren no deja puntuar a Alonso

Hamilton Alonso
Hamilton vuela sobre el trazado chino. (Getty)
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El Gran Premio de China le salió cara a la mayoría de pilotos, pero cruz a Fernando Alonso. El asturiano tuvo que abandonar cuando peleaba por los puntos en una nueva carrera magistral, que no hace incluso aumentar las voces que claman por un coche mejor para él. El que sí acabó en puesto de privilegio, en concreto séptimo, fue Carlos Sainz, que demostró que a Fernando no solo le une una gran amistad, sino también talento y lectura de carrera. Venció Lewis Hamilton con sobriedad y merecimiento, cerrando las puertas del cajón más alto a Sebastian Vettel y un meritorio Verstappen.

El “segundo milagro” de Fernando Alonso debía continuar en carrera para soñar con los puntos, algo demasiado lejano si no aparecían las desgracias para un puñado de predecesores del asturiano en parrilla. La historia con Carlos Sainz era diferente, había coche, pero prometía el mismo final si no llegaba la venerada lluvia o una maniobra de peso.

El apagón del último semáforo nos recordó que el talento de Fernando no se corresponde con el coche que lleva. Alonso está para competir con los mejores ahora y lo estaría en 2050, pero el McLaren que conduce no le permite más que resignación Gran Premio tras Gran Premio. Nada nuevo en China. La salida ejerció de transformador que acabó con Alonso en octava posición, en un avance en el que también destacó Max Verstappen, este sí con coche, pero que había salido en 19ª posición en parrilla.

Carlos, en cambio fue para abajo en el carrusel de cambios de la primera vuelta y su planteamiento a elegir cambió por completo para convertirse en un arriesgar o nada. Los problemas en pista llegaron temprano y el ’55’ estuvo más listo que nadie para entrar en boxes un giro antes que sus rivales. ¿El resultado? una posición de puntos que ya nunca abandonaría. El riesgo puede tener sus frutos si cuentas con unas buenas manos para conducir.

Hamilton lideraba sin dar pie a las sorpresas, con Vettel a rebufo y, un poco más atrás, dos cascos españoles pilotando por encima de las posibilidades de su coche. Mientras un Drive Through detenía a Verstappen, Shanghai comprobaba como Sainz ascendía a la sexta posición, ya por delante de Alonso y su vetusto McLaren, que aún así iba a dar mucha guerra.

Fue una lucha fratricida, épica, y sobre todo, preciosa entre dos grandes pilotos. Alonso y Sainz se pasaron en varias ocasiones mostrando el notable pilotaje de ambos. Se impuso Sainz, que además pudo sacar algo de ventaja mientras Fernando y su talento detenían a Bottas en varias curvas, aunque finalmente tuvo que resignarse, como una bicicleta adelantada por una Moto GP.

El abandono de Vandoorne no hizo sino presagiar lo que venía después. Fernando Alonso, después de un nuevo milagro, tenía que retirar su coche de carrera por una avería mecánica. Francamente, no es justo lo que le ocurre al asturiano, no es justo no verle liderando carreras y peleando por podios, porque ese es su sitio y no el de McLaren, un coche que en tres años ni siquiera puede terminar en uno de los circuitos menos exigentes para la mecánica.

El abandono de Fernando y la solidez –después de la estrategia– de Sainz ponían la mirada en una cabeza de carrera donde se encontraba el otro gran piloto de parrilla, Lewis Hamilton, este sí con un coche competitivo, que no apabulla como en temporadas pasadas pero le permite exhibir su talento a la altura que merece. El inglés no dio opción a un Vettel con hambre y un Verstappen que se ganó el premio a piloto del día con sus idas, sus vueltas, y su tercera posición final.

 

 

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