Supercopa España 2018

Dembélé y un superportero tumban al Sevilla

Barcelona
Los jugadores del Barcelona celebran el gol de Piqué. (AFP)
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Ben Yedder falló un penalti en el 90'

El Barcelona se proclamó supercampeón de España en Tánger tras un partido de nivel gris en el que un protagonista inesperado, más de futuro que de presente, se quitó la capa de críticas y se puso la de héroe para rescatar a los culés y darles el primer título oficial del año. Ousmane Dembélé, con una actuación protentosa y atrevida, y un auténtico golazo en el 78′, rompió la igualdad entre un equipo que no se atrevió a atacar y a otro que no se atrevió a resolver sus ataques… hasta la aparición estelar de su nuevo héroe y de uno más viejo, un Ter Stegen que cometió un penalti en el 90′, que él mismo detuvo a un acongojado Ben Yedder para dejar en el luminoso el 2-1 final.

El Barça era tan favorito o más que en la final de Copa en la que destrozó al equipo entonces dirigido desde el banquillo por Joaquín Caparrós, pero su sucesor Pablo Machín decidió a su llegada cambiar el sistema para favorecer las bandas y el contragolpe, obteniendo réditos ante el dominador de las competiciones españolas con sólo seis minutos de juego. Un contragolpe llevó el balón hasta Pablo Sarabia, cuya presencia en la plantilla del Sevilla en la presente temporada está incomprensiblemente en entredicho, y el madrileño se encargó de hacer fácil lo que muchos han visto imposible en los últimos meses: batir a Ter Stegen.

El asistente, en primera instancia, anuló el tanto de Sarabia pero los jugadores del Sevilla celebraban seguros ya que el comodín del VAR no iba a prolongar demasiado la polémica, permitiendo que las cosas siguieran su cauce y el 0-1 luciese en el marcador del estadio Ibn Battuta de Tánger.

El Barça necesitó de reacción demasiado temprano y sus jugadores, con las piernas y la cabeza aún en vacaciones, no respondieron como se demandaba. La pesadez reinaba en las circulaciones de balón culés, con Messi menos participativo que un Dembélé empeñado en contentar a Valverde, pero como en otras veces sin suerte cara a gol.

Los culés probaron la vía del balón parado, con fracaso en un cabezazo no demasiado franco de Lenglet, y minutos después, coincidiendo con una falta clarísima de Banega sobre Arthur, la tragedia, que ya se mascaba por el repliegue intensivo y en ocasiones exagerado de los de Nervión, se presentó en Tánger. Lionel Messi colocó el balón al borde del área y tras pensárselo dos veces mirando a cada palo, golpeó el esférico dirección al derecho, después a Vaclik y más tarde a los pies de un Piqué que sólo tuvo que empujar el 1-1 al fondo de las mallas.

Monólogo aburrido del Barça

Demasiado fácil para tanto sufrimiento en un encuentro que ya no se sabía si era oficial o no, pero sí era oficialmente de nivel bajo, de ritmo aún más bajo, pero que dejaba para la segunda mitad una dosis de emoción importante para potenciar un verano que comienza a dejar asomar su final para que comience la temporada de los futboleros.

Ernesto Valverde se había equivocado en su planteamiento y como rectificar es de sabios, retiró para los segundos 45 minutos a Rafinha para formar con Rakitic, uno de sus hombres de confianza. Arthur, minutos después, también abandonaba el rectángulo de juego para dar la oportunidad a Coutinho, que entre tanto lío de extracomunitarios quedó en el banquillo en la decisión más sorprendente en el momento de anuncio de alineaciones.

El Barcelona no reaccionó ante los cambios y siguió mostrándose muy plano, tocando, tocando y tocando, pero sin inquietar a Vaclik. El Sevilla optó por un camino más rápido y el Mudo Vázquez, con un cabezazo impresionante al larguero, avisó a Ter Stegen de que podía volver a ser batido a pesar de la poca frecuencia de ataques. Dembélé reaccionó, pero sus combinaciones con Suárez siempre encontraban una imprecisión del charrúa como resultado.

Démbelé y un superportero deciden

Ya inmersos en el último cuarto de hora, Tánger esperaba una genialidad de Messi a la vez que abucheaba cada contra de un Sevilla sin confianza. Leo hizo acto de presencia con su mejor socio, Jordi Alba, en lo que fue un aviso del terremoto Dembélé. El francés, destacado entre las nubes del partido, no se lo pensó a la hora de la verdad y enganchó un zarpazo que se coló en la portería después de golpear en el larguero de la meta de Vaclik, héroe sólo un minuto antes. Un supergolazo de lo que será, si hay paciencia y continuidad, un superjugador.

El Sevilla no pareció volcarse al 100% para solucionar el problema superior provocado por Dembélé, pero en el último minuto y casi de carambola se encontró con un penalti, de rigurosa señalización, de Ter Stegen sobre Aleix Vidal. Podríamos estar horas discutiendo sobre si la obstrucción del portero es involuntaria o no, o si lo es suficiente como para pitar penalti, pero el alemán tardó un minuto en resarcirse con una parada a Ben Yedder, que hizo un golpeo impropio de un delantero de su calibre, poniendo el lazo a un título, el primero del año, que se marcha en un vuelo de Marruecos a Barcelona.

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