Frases célebres de Robert Boyle

Frases célebres de Robert Boyle
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Uno de los grandes científicos de la historia humana es, sin duda, Robert Boyle. Tal vez este químico británico no sea tan conocido como otros nombres, pero sus aportaciones son suficientemente numerosas como para que merezca un puesto entre los mejores y más influyentes.

Robert Boyle fue un irlandés del siglo XVII nacido en el seno de una familia noble. Tuvo fácil acceso a los mejores colegios de Europa y Gran Bretaña, e incluso trabajó en la prestigiosa Universidad de Oxford.

Boyle fue uno de los científicos que más ha aportado al estudio y determinación de las propiedades de los gases, y de su colaboración con Robert Hooke nacieron experimentos para establecer características físicas del aire y su papel en la respiración, transmisión del sonido y la combustión.

Las propiedades de los gases y otras aportaciones de este científico se pueden encontrar en la Ley de Boyle-Mariotte y otros estudios que este científico británico aportó a lo largo de su provechosa vida, en la que estudió los elementos, trabajó sobre teorías aristotélicas, propuso conceptos como el de las partículas fundamentales y acabó por ser considerado padre de la química moderna junto a nombres como John Dalton o Antoine Lavoisier. Por eso merece la pena conocer un poco más de la filosofía de vida de Boyle, como vemos a continuación por medio de algunas sabias e interesantes frases.

Grandes frases de Robert Boyle

  • Si el autor omnisciente de la naturaleza, supiera que el estudio de sus obras tiende a hacer que los hombres no crean en su Ser o atributos, no les habría dado tantas invitaciones para estudiar y contemplar la naturaleza
  • Y podría añadir la confianza con que las personas distraídas, muchas veces, cuando están despiertas, piensan, que ven demonios negros en lugares donde no hay ningún objeto negro a la vista sin ellos
  • Aquel que dijo que no era bueno que el hombre estuviese solo, puso al celibato entre los estados inferiores de perfección
  • Nunca se puede preparar uno suficientemente para la muerte. Otras acciones pueden ser repetidas, se pueden volver a intentar después de la primera vez. No es así con la muerte: aparece una sola vez y no hay posibilidad de repetirla para mejorarla

Reflexionemos brevemente sobre lo que hemos aprendido de la filosofía de Robert Boyle, padre de la química moderna y cerebro privilegiado para la ciencia y para la propia vida, como podemos ver aquí.

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