La partícula de Dios: ¿Por qué se conoce así al Bosón de Higgs?

La partícula de Dios: ¿Por qué se conoce así al Bosón de Higgs?
La partícula de Dios: ¿Por qué se conoce así al Bosón de Higgs?
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El bosón de Higgs ha sido uno de los descubrimientos científicos que ha revolucionado el mundo moderno. Quizás hoy por hoy sea uno de los grandes hallazgos del siglo XXI, ya que nos permite entender y encajar todas las piezas del Modelo estándar de la física. Pero, ¿por qué ha sido siempre conocido como la partícula de Dios? ¿Tiene algo que ver con deidades y religiones?

Hace pocos años, el CERN, el Centro Europeo de Física de Partículas descubría una nueva partícula elemental llamada bosón de Higgs. Ya en los años 60 el físico Peter Higgs había postulado su existencia para explicar la física moderna.

Curiosamente, aunque la Conferencia Episcopal ha afirmado que la partícula de Dios tiene que ver con la religión, lo cierto es que no, es ciencia pura. Y es que este nombre nada tiene que ver con deidad alguna, ni moderna ni antigua, a no ser que consideremos así al editor de los escritores y científicos Dick Teresi y Leon M. Lederman, que fue quien se empeñó en que el nombre de su libro llevase por título algo parecido a Goddamn Particle, traducido como La maldita partícula, y que muchos interpretaban como La partícula maldita de Dios.

Curiosamente, los autores estaban de acuerdo, puesto que, para ellos, esa partícula era muy escurridiza, se nos escapaba siempre y no había, por aquel entonces, forma humana de descubrirla. Así pues, merecía ser llamada ‘maldita’, un calificativo que le iba como anillo al dedo.

Sin embargo, tampoco sería ese el título definitivo. Finalmente, la editorial presionó a ambos autores para el título final del libro fuese La partícula de Dios: si el universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta? En su versión original, el nombre fue The God particle: If the Universe is the answer, What is the Question?, que en España se tradujo simplemente como La partícula divina.

Finalmente, la obra vio la luz así y, aunque el libro es en su totalidad un repaso a la vida de Lederman, Premio Nobel de Física en 1988, el último capítulo sí que se dedica a su trabajo como director del SSC en Texas, que tenía como labor el descubrimiento del dichoso bosón de Higgs que siempre se escapaba. Sin embargo, por presión de los republicanos, el por aquel entonces presidente Clinton acabó clausurando el proyecto tras invertir más de 2000 millones de dólares.

Y esta, damas y caballeros, es la historia tras la partícula de Dios que, como observamos, nada tiene que ver con el dios de ninguna de las religiones de la Tierra, y sí mucho con la ciencia y las casualidades.

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