Un estudio evalúa la relación de esta práctica con la obesidad

La opinión de la ciencia: ¿Comer despacio adelgaza?

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Controlar la velocidad de ingestión es fundamental para una dieta equilibrada
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El año 2018 comienza como todos los demás si hablamos de métodos de adelgazamiento. Muchos son los que se apuntan al gimnasio y cuando pasan dos días acaban echando por tierra todos los propósitos de año nuevo. Sin embargo, quizás la clave no esté en los métodos convencionales, sino en una práctica tan insólita que parece increíble. Comer despacio adelgaza. Al menos así lo han determinado desde un grupo internacional de investigadores en un estudio publicado en BMJ Open. Te lo contamos.

Lentitud como clave

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Un estudio publicado en BMJ Open

A todos nos ha pasado. Llegas con hambre después de una dura jornada de trabajo o un día intenso en el gimnasio y te pones a comer como sino hubiera un mañana. La ansiedad puede contigo y alimenta tu estómago de la peor forma posible, con rapidez. Un error muy habitual que suele incrementar el peso de las personas que lo practican al que se le añaden otras malas prácticas como comer antes de dormir o picar algo después de la cena. Los malos procedimientos son incontables, sin embargo existe uno perfecto para cuidar tu figura: comer despacio.

Un grupo internacional de investigadores han descubierto que comer despacio produce una serie de cambios en los hábitos alimenticios que se relacionan estrechamente con la perdida de peso y una disminución de la circunferencia de la cintura. Unos datos basado en las bases de un seguro de salud formado por 60.000 personas con diabetes que acudieron a centros de salud entre 2008 y 2013. Los informen incluían las fechas, los tratamientos, las medidas y las pruebas sanguíneas y de orina. Una vez repasados todos los datos se les preguntó a los pacientes por la velocidad de alimentación intentando clasificarla en tres niveles: rápida, normal, lenta.  Los resultados fueron impresionantes: 22.070 personas comían rápidamente; 33.455 comían a velocidad normal y 4.192 formaban parte del grupo en el que la máxima era comer despacio.

Después de analizar los datos obtenidos, los investigadores determinaron que aquellas personas que tienen a comer más despacio suelen tener un estilo de vida más sano que el resto. Si hablamos de porcentajes, los pacientes que comían lentamente tenían un 42% menos de posibilidades de caer en la obesidad. 

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