Salud

Depresión en los niños. Datos de interés

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Los padres desde el primer momento que tienen a sus hijos en brazos comienzan a desvivirse por su bienestar en todos los sentidos. Precisamente por ese motivo, no dudan en estar al día de todo lo que tiene que ver con su salud, quieren estar perfectamente informados sobre ese aspecto. De ahí que les pueda interesar el tema que ahora vamos a abordar: la depresión en los niños.

A continuación, vamos a dar a conocer todo lo necesario sobre este problema que requiere paciencia, cariño y, sobre todo, ayuda profesional.

Causas de la depresión en los niños

No podemos decir que exista una única razón para que un menor tenga que hacerle frente a una depresión. Pueden ser y muchas variadas, aunque entre las más significativas se encuentran las siguientes:

  • Se halla siendo víctima de acoso escolar por parte de sus compañeros.
  • Ha sufrido algún tipo de experiencia traumática que ahora no es capaz de superar, como ha podido ser un accidente, un abuso o la pérdida de un ser querido.
  • Por distintos motivos, se encuentra deprimido a raíz de un cambio de colegio, de barrio, de ciudad o de país.
  • Se ha producido el divorcio de sus padres y la situación entre ambos es realmente insostenible, encontrándose en el medio y sin querer herir a ninguno de los dos.

Síntomas

Si son muchas y variadas las causas que pueden propiciar una depresión infantil, también lo son los síntomas que vienen a indicar que el pequeño la está padeciendo. Se trata de señales que deben ser advertidas por los padres para poder actuar tomando las medidas más oportunas:

  • Constantemente está triste, ha perdido su alegría natural.
  • Evita salir con sus amigos y relacionarse con los demás, prefiere quedarse en casa y, en concreto, en solitario en su habitación.
  • Está muy irritable y presenta constantes cambios de humor.
  • De manera habitual, se pone a llorar sin motivos aparentes.
  • Ya no se divierte ni se lo pasa en grandes con sus hobbies o con todas esas cosas que le encantaban.
  • Ha cambiado su apetito, ahora ya apenas come y pone total desinterés incluso ante los platos que más le gustaban.
  • Descansa mal y así se nota cuando se levanta por la mañana.
  • Su rendimiento escolar ha bajado notablemente y sus notas se resienten por esa circunstancia.

Depresión en los niños. Datos de interés

Tratamiento de la depresión infantil

Cualquier padre o madre que haya percibido varios de los síntomas citados en su hijo, lo mejor que puede hacer es sentarse a su lado e intentar mantener una conversación sincera para que el menor pueda abrirse y le cuente lo que sucede. No obstante, tanto si le da respuestas de su estado como si no, lo mejor que puede hacer es ponerse en manos de profesionales.

Con eso nos referimos a que lo recomendable es que contacte con un psicólogo infantil para que pueda ver si realmente está deprimido o no. Básicamente el tratamiento se sustentará en dos pilares:

  • La colaboración de los progenitores, que son piezas clave tanto a la hora de tener bajo “control” al pequeño como en el momento de actuar ante determinadas situaciones que se produzcan.
  • El trabajo en sí con el paciente. Una fluidez a nivel comunicativo entre experto y pequeño es el pilar fundamental de esta parte del citado tratamiento. Eso sin olvidar que el psicólogo analizará la técnica que es más adecuada que aplique con el paciente. No obstante, por regla general, la habitual suele ser la terapia cognitivo-conductual, que ayudará, entre otras cosas, a eliminar lo que son las ideas negativas que presenta el niño.

En base a estos dos recursos se desarrollará el trabajo de ayuda al menor que, al final, conseguirá dar sus frutos y permitirá que ese supere la situación tan difícil en la que se encuentra.

Consejos para prevenir la depresión

Si importante es conocer cómo actuar cuando un hijo tiene depresión, también lo es el tener claro qué medidas se pueden llevar a cabo para evitar que, en algún momento y por distintas circunstancias, caiga en una. En concreto, estas son las más significativas:

  • Es básico que exista una comunicación fluida y constante entre padres e hijos. De esta manera, los adultos conocerán perfectamente a sus pequeños, sabrán qué les pasa en sus vidas y tanto unos como otros contarán con la confianza suficiente para expresar lo que sienten.
  • Jamás hay que sobreproteger a los niños, ya que eso facilitará que caigan en una depresión por cualquier circunstancia adversa que pueda aparecer.
  • Cuando se van a producir cambios notables en el hogar, hay que explicárselos adecuadamente para que puedan entenderlos.
  • No menos relevante es no hacer que los niños se enfrenten a situaciones de adultos, que no se les “cargue” con una responsabilidad que no tienen.

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