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Lo peor de ser padres a través de unas divertidas fotografías

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Es maravilloso, una experiencia única, lo mejor que me ha pasado en la vida…Estas son algunas de las maneras en las que las mayorías de los padres intentan explicar qué significa tener un hijo. Y todas esas son realmente ciertas, no obstante, no hay que pasar por alto tampoco que tiene algunos aspectos menos positivos como pueden ser dormir menos, contar con poco o nulo tiempo para hobbies que antes se disfrutaban o tener que estar pendientes durante las 24 horas de ese pequeño, entre otras cosas.

Precisamente lo peor de ser padres y madres es lo que una fotógrafa con gran sentido del humor ha querido reflejar a través de una serie fotográfica. Si sigues leyendo, la descubrirás.

La autora

La responsable de este conjunto de instantáneas es la fotógrafa profesional Danielle Guenther, que ha dado como título al mismo “Best Case Scenario”, que en castellano viene a significar algo así como “En el mejor de los casos”. Vienen a ser divertidas imágenes con las que esta mujer ha querido reflejar la realidad de las parejas que tienen hijos, concretamente la realidad menos positiva y de la que, por regla general, se habla poco.

A continuación, te mostramos varias de sus obras, a ver si te sientes identificada con alguna:

Comidas familiares fuera de casa ¡un infierno!

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Para poder pasar tiempo en familia y disfrutar del mismo, en muchas ocasiones, los papás deciden salir a comer con los hijos fuera de casa. Así, eligen un restaurante en el que la carta incluya platos apetecibles para sus pequeños, de cara a que puedan estar sentados comiendo y absolutamente tranquilos.

Antes de salir del hogar, se les dice a los menores que deben portarse bien. Y lo hacen…al principio, sólo al principio. Llegan al local, se sientan y piden su plato favorito, como puede ser una hamburguesa e incluso un plato de pasta. El camarero les sirve, empiezan a comer, dicen que está todo muy rico y sus padres se muestran encantados por cómo está transcurriendo la velada. Sin embargo, de pronto, sin saber porqué, todo cambia. Los pequeños se muestran inquietos, quieren levantarse de su silla, cogen y tocan los objetos que están en la mesa, comienzan a jugar con la comida…Total, que al final eso es un desbarajuste, hay comida por el suelo, los botes de ketchup son usados como pintura…

Situaciones que, en mayor o medida, se producen con cierta asiduidad y que han llevado, como ya contamos en un artículo anterior, a que incluso existan locales que ya prohíban la entrada a menores de cierta edad.

Una ducha relajante…¡imposible!

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Antes de tener hijos, se veía el momento del baño como un instante perfecto para relajarse después del día a día. Así, se llenaba la bañera de agua, se le echaban sales, se ponía música ambiente, se colocaban unas velas…Pero, al ser madre eso se acabó. Ahora lo que toca es ducharse de manera rápida, pues en cualquier momento el bebé pueda reclamar comida, cambio de pañal, mimos…

Y eso sin olvidar que ya no hay intimidad. La ducha ahora es en familia, con los niños alrededor, ya sea caminando de aquí por allá en el cuarto de baño, gateando, mirando desde su hamaca…

Empezar la mañana con un auténtico caos

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Cuando no se tienen hijos, empezar las mañanas se hace con una buena taza de café que recargue de energías y que permita dejar atrás el sueño que aún se tiene. Pero cuando ya se es madre o padre no. Cuando hay pequeños en casa no hay necesidad de tomarse esa bebida porque estos ya se encargan de activar de manera inmediata.

Y es que no sólo, por regla general, despertarán a sus padres antes de que suene el despertador sino que luego pondrán la casa patas arriba haciendo que esos espabilen sí o sí. Conseguir que todos estén vestidos, desayunados y preparados para ir a la guardería o al colegio se puede convertir en una auténtica odisea.

Los padres, en plan fugitivo

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En los primeros meses de vida, el bebé tendrá unos hábitos de sueño que alterarán notablemente los de sus progenitores, que pronto notarán un cansancio absoluto. Por eso, tendrán que aprovechar que ese descansa plácidamente para hacer lo mismo.

De ahí que cuando se logra que el pequeño caiga en los brazos de Morfeo, los papás desarrollan unas habilidades innatas como fugitivos. Sí, porque se intentan “escapar” de las habitaciones de su hijo sin hacer el más mínimo ruido para que no se despierte, para que no se dé cuenta de que está solo y para que así no vuelva a ponerse a llorar y en ese instante se acabe el descanso para todos.

¿Te sientes identificado de algún modo con esta divertida serie fotográfica de Danielle Guenther?

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