¿Cómo consigo que mis hijos me respeten?

¿Cómo consigo que mis hijos me respeten?
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Ver programas de televisión tales como “Hermano Mayor”, escuchar en radio noticias de menores que pegan a sus padres o a profesores y ser testigo directo de cómo adultos se ven sobrepasados ante la actitud de sus hijos pequeños deja constancia de algo: en la sociedad actual hay falta de respeto. Es decir, que existen problemas que están llevando a que niños y adolescentes no respeten a nadie, que hagan lo que les viene en gana y que, además, se les esté consintiendo.

¿A qué se debe todo eso? Son muchas las causas que han originado que se produzca esa circunstancia en un porcentaje considerable de la población, tales como la sobreprotección o el exceso de consentimiento y caprichos a los “reyes” de la casa.

Por eso, es fundamental y básico que los padres a la hora de acometer la educación de sus hijos empiecen a dejar claro desde el primer momento que el respeto es lo más importante. El respeto a sus adultos, a las demás personas, a la mascotas, a las culturas y a las formas de ser del resto. Sólo con respeto se puede conseguir una sociedad tolerante y en armonía.

Después de leer estos párrafos, hay quien puede estar pensando: “sí, estoy de acuerdo, pero ¿cómo consigo que mis pequeños empiecen respetándome a mí?” Muy sencillo, siguiendo estos consejos:

1-Imponer normas de obligado cumplimiento en casa

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Indiscutiblemente, uno de los primeros pasos que cualquier padre debe llevar a cabo para conseguir que sus hijos le respeten es establecer una serie de normas en el hogar. Estas deben ser de obligado cumplimiento para todos los miembros de la familia y deben girar en torno a aspectos tales como la realización de tareas domésticas, los horarios para irse a la cama, cómo se debe comer en la mesa, el uso de tabletas y teléfonos móviles

De la misma manera, esas “leyes” es importante que también hagan referencia a aspectos básicos en cuanto a modales se refiere: pedir las cosas por favor, dar los buenos días y las buenas noches a los demás, no molestar a padres o hermanos cuando están haciendo algo…

2-Establecer límites

Ni que decir que una de las claves para conseguir que los menores respeten a sus progenitores es que estos, además de fijar unas normas como las ya expuestas, determinen cuáles son los límites que nunca hay que sobrepasar. Por eso, es fundamental reprenderles y adoptar una actitud firme ante pataletas por algo que no se les ha dado, gritos o insultos. Si cualquiera de esas acciones se deja pasar acabará convirtiéndose en la tónica general y luego será muy complicado atajarla de raíz.

3-Dar ejemplo

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Como en muchos otros aspectos de la vida en común con los hijos, es básico que los padres sean los primeros en dar ejemplo. Es decir, si les piden a los niños que se comporten de cierta manera en casa, que colaboren en las tareas, que no chillen o que no insulten, tienen que acometer también todo eso.

De esta manera, si los pequeños ven que los adultos respetan todas las normas, también las seguirán.

4-Usar el diálogo en todo momento

El diálogo y la comunicación son las claves para que exista entendimiento y respeto entre personas que tienen distintas ideas respecto a un tema concreto. De ahí que sea imprescindible que, desde temprana edad, los padres dejen claro a sus hijos que en casa cualquier problema o situación se resuelve sentándose y hablando las cosas.

Por eso, cuando a los niños haya que ponerles unos límites y unas normas se debe hacer de manera tranquila y relajada, sentándose a su lado y explicándoles esas cuestiones. Por supuesto, ni que decir tiene que en esa situación, también es importante que los padres escuchen a sus pequeños y luego, si fuera necesario, le rebatan sus planteamientos, pero de forma calmada y con argumentos.

5-Nada de violencia de ningún tipo

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La quinta recomendación fundamental que hay que tener en cuenta para conseguir que los hijos respeten a sus padres, y por consiguiente al resto de personas con las que tienen contacto, es que en el hogar no se resuelva nada mediante la violencia. Con esta nos estamos refiriendo tanto a la física, absoluta y tajantemente prohibida, como a la verbal, es decir, a gritos y chillidos.

La violencia se tiene que rechazar siempre, por lo que no se puede usar ni para imponer normas ni para reprenderles.

Pero también es importante que la misma no sólo no esté presente en la relación entre padres e hijos sino tampoco en la relación de pareja. Es decir, que los menores jamás sean testigos bajo ninguna manera de cómo sus padres resuelven sus conflictos mediante insultos, discusiones verbales…Y es que si ven que esas formas son las que priman en su casa, al final las acabarán asumiendo como normales y las usarán también.

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