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VIOLENCIA DE GÉNERO

Pilar Peiró: «Una vez vino a matarme con un hacha y me estranguló con el cable del teléfono»

La víctima relata el calvario físico y psicológico que sufrió: desde palizas que le desviaron el tabique a fotomontajes sexuales con su cara

Pilar Peiró, la víctima del hombre más denunciado por violencia de género de toda España, tuvo que soportar todo tipo de episodios violentos desde prácticamente el primer día en que conoció a su agresor. Las agresiones se sucedían constantemente tanto en plena calle como en el domicilio familiar, frente a sus hijos o desconocidos, a plena luz del día y a altas horas de la madrugada.

La brutalidad física estalló de forma definitiva con el nacimiento del hijo que tuvieron en común. Dentro del propio hospital de Son Dureta de Palma, donde el recién nacido se encontraba ingresado por una bronquitis, el agresor le pegó un guantazo a Pilar frente a las enfermeras. «Me desvió el tabique cuatro centímetros», cuenta la afectada en una entrevista a OKBALEARES.

A partir de ese momento, los ataques se volvieron constantes, lo que provocó una convivencia insostenible. De hecho, nunca llegaron a consolidar un hogar en común. «Venía a mi casa a altas horas de la madrugada a tocarme el timbre o tirarme piedras a la ventana, vivir con él era imposible», relata la víctima.

En uno de esos asaltos nocturnos, Pilar recibió un golpe de extrema gravedad mientras se encontraba indefensa y sentada en su sofá. «Me pegó un puñetazo en las costillas, el médico me dijo que estuvo a punto de partirmelas», asegura. Horas más tarde, averiguó que ese mismo día quiso clavarle destornilladores por todo el cuerpo.

La agresividad del maltratador era tal que Pilar muchas veces llegó a temer por su propia vida, como el día en el que el varón fue a por ella con un arma. «Los vecinos me avisaron de que un hombre estaba patrullando la zona armado y profiriendo amenazas de muerte, resulta que era me había venido a buscar con un hacha para matarme», recuerda la afectada.

Las agresiones también se trasladaron en el interior de la vivienda de Pilar. «Una vez entró en la cocina borracho, me cogió del pelo y me obligaba a hacerle la comida». En otra ocasión, la intentó estrangular con el cable del teléfono. «Noté que se me salían los ojos de la cara», manifiesta la mujer.

Otro de los episodios de violencia de género más desagradables fue cuando Pilar se encontró en su correo electrónico una serie de fotomontajes sexuales que el agresor le había enviado. En las imágenes, el hombre había manipulado una fotografía del bautizo de su hijo, recortando la cara de Pilar y montándola sobre un cuerpo desnudo en el que se le veían las partes íntimas.

Los fotomontajes sexuales.

«Me arrebataron a mis hijos»

En su testimonio también habla de una forma completamente desgarradora sobre cómo le quitaron a sus dos hijos a través de un entramado que ella define como una estrategia de violencia vicaria y denuncias falsas coordinadas por el agresor y su familia.

Pilar explica que la abuela paterna de su hija y el entorno del agresor presentaron informes falsos ante Menores y llegaron a pagar a una testigo para incriminarla. «Pagaron 5.000 euros a una testigo protegido para que declarara en falso que yo pegaba a los niños con una pala. Por esa mentira me retiraron la custodia en los pasillos del juzgado de forma planeada», denuncia.

Poco después de perder a la niña, el sistema fue a por su hijo menor, ingresándolo en un centro de acogida a pesar de que los médicos acreditaban que el niño estaba perfectamente. «Tras una denuncia en Menores, lo llevé a la pediatra y a urgencias, y ambos certificaron que estaba perfecto, pero a los seis meses me lo quitaron igual», relata con visible enfado.

Por si fuera poco, asegura que el niño pasó un año entero en el centro y que las técnicas le prohibían las visitas asegurando falsamente que el menor no quería verla.

Para Pilar, el dolor de que le arrebataran a sus hijos superó con creces todo el maltrato físico que había sufrido a manos de su expareja. «Aunque te peguen 20 palizas, cuando te tocan un hijo ya te lo han tocado todo. Con esto me han hecho polvo, me han amargado la vida», afirma.

Además, relata que el shock de reencontrarse a escondidas con su hijo en un colegio de Palma (y ver que el niño rompió las filas gritando desesperado “¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mi madre!”) estando ella embarazada de cinco meses, le causó un problema médico severo por el que perdió al bebé que esperaba: «El shock de verle me provocó un microinfarto y perdí al bebé, tuve que parir a una niña muerta».

Finalmente, Pilar logró recuperar la custodia de sus hijos cuando tenían 16 años, pero asegura que la relación con ellos está rota fruto de la manipulación que han sufrido por parte del maltratador y su familia.