Fútbol

Una vida en rojo y blanco

Fernando Torres para siempre

Fernando Torres para siempre
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El futuro de Fernando Torres irá de la mano con el Atlético de Madrid. El conjunto rojiblanco ofrecerá un contrato de por vida a uno de los máximos iconos de la historia del club. Así, una vez finalizada su carrera deportiva, El Niño pasaría a formar parte de la entidad en un puesto institucional, tal y como desvelaron en El Partidazo.

Fernando Torres quiere renovar un año más su contrato con el Atlético de Madrid. Lo ha manifestado públicamente y lo desea internamente. A pesar de tener varias ofertas tentadoras del fútbol mexicano – Cruz Azul y Querétaro -, el de Fuenlabarada está destinado a vestir la rojiblanca la temporada que viene en el Wanda Metropolitano.

Y no sólo eso, el Atlético quiere atar a Fernando Torres de cara a un futuro. Un contrato para que después de colgar las botas, el delantero colchonero pase a ocupar un cargo institucional de gran importancia en el club, siempre según la Cope.

Sólo faltan unos flecos para que esta renovación se haga pública, por lo que El Niño ha rechazado todas las ofertas que le han llegado del fútbol extranjero. Unas propuestas que le llegaban a doblar el sueldo que percibe actualmente Torres en el Atleti.

Este contrato daría continuidad a toda una vida en rojo y blanco. Aunque emprendiese su aventura europea, Fernando Torres nunca se llegó a ir del todo. Ondeó los colores del Atleti después de ganar la Eurocopa, se tocó las rayas rojiblancas que lucía la camiseta del Liverpool cuando anotó en Champions frente al Real Madrid, o no dudó en regresar a la ribera del Manzanares desde que tuvo la oportunidad.

Llegó con apenas once años al Atlético de Madrid. Un club del que ya era aficionado. Un equipo que ya tenía en el corazón. Desde entonces no se ha cansado de defender el escudo de la entidad. En las buenas y en las malas. Fernando Torres ha estado en todo momento. Y lo seguirá estando, porque cuando no pueda ayudar en el campo, El Niño seguirá poniendo toda su ilusión – intacta, por cierto – en las oficinas como cuando se enfundó por primera vez la zamarra colchonera.

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