El premier holandés Rutte quiere terminar con la crisis de los refugiados en Europa en 6-8 semanas

Holanda
El primer ministro de Holanda, Mark Rutte (Foto: Wikimedia)

En menos de dos meses la crisis europea de los refugiados tiene que estar resuelta. Así lo piensa el presidente de la UE hasta junio, el primer ministro holandés Mark Rutte. Ha anunciado en el foro de Davos que cree que urge una solución para el flujo masivo de refugiados de zonas de guerra en Oriente Próximo, entre otras.

El sistema de Dublín parece tener los días contados. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, ha mencionado varias veces que serán en marzo cuando llegue la propuesta de reforma del método de gestión del derecho al asilo. Sí se preservaría así la zona Schengen que, tal como han mencionado muchas autoridades comunitarias, se relaciona intrínsecamente con mantener vivo el mercado único europeo y en último término todo el proyecto común.

Sólo 272 personas frente al objetivo de 160.000 han sido recolocadas de forma adecuada dentro de la Unión Europea

Hasta ahora los cientos de miles de personas que abandonan sus países de origen escapando de la guerra y la pobreza extrema tenían que pedir asilo en el primer país que alcanza. En la práctica, Italia y, en particular, Grecia, se han visto completamente desbordadas. Los sistemas de hotspot donde registrar las huellas de los demandantes de asilo se ha demostrado inoperante. El propio Juncker admite que “no funcionan como deberían”.

Los refugiados ya saben a qué atenerse cuando pasan por el aro de la Comisión. Ellos únicamente quieren trasladarse a toda costa a Alemania y Suecia y evitar ser reorganizados de forma ordenada. Precisamente esa sería la intención que está sobre la mesa: un método “más europeo”, “más responsable” en el que entrarían en juego las cuotas a las que ya se han opuesto países del Este y, aunque tímidamente, también España.

El comisario europeo encargado de Inmigración, Dimitris Avramopoulos, ya ha empezado a mover las fichas. Ha trasladado las ideas estudiadas al Parlamento Europeo pero todavía no se sabe si habrá “ventanilla única europea” o será un sistema que entre en juego ante el desbordamiento de los métodos nacionales.

Hasta ahora las cifras no pueden ser más pobres, en Bruselas no se oculta la decepción: sólo 272 personas del objetivo de 160.000 han sido recolocadas de forma adecuada. Muchos no aceptan el destino que les ofrece la UE, recientemente 50 rechazaron Luxemburgo, “algo inceptable” para Juncker. Para colmo, el ingente esfuerzo de movilizar 3.000 millones de euros para que Turquía frene el éxodo en origen no está dando aun frutos relevantes.

Y semana tras semana los países emprenden acciones por su cuenta de levantar vallas y reestablecer controles fronterizos ante la inoperabilidad de Bruselas. Alemania acaba de sumarse a Dinamarca y Suiza en la tendencia de requisar los objetos de valor a estas personas para cofinanciar su estancia. ONGs como Médicos sin Fronteras afirman que Europa ha fallado “estrepitosamente” en la materia, cuando se están registrando temperaturas de -19 grados centígrados que no evitan que cientos de personas sigan jugándose la vida en la ruta de los Balcanes.

Quienes hacen negocio

Algunas multinacionales ya han anunciado su disposición para ofrecer ayudas, formación y hasta trabajo. Mediante la fundación Tent lo han hecho firmas como Airbnb, IKEA, LinkedIn, Mastercard o USP.

En el foro de Dabos ha sido muy sonada la experiencia relatada por el empresario americano Hamdi Ulukaya. Su empresa de yogures de receta griega cuenta con un 30% de refugiados de sus 1.800 empleados. Lo que funciona en EE UU no tiene por qué hacerlo en Europa, le han objetado. El empleo en el viejo continente es del 10,5%, según cifras de Eurostat lo que rebaja el optimismo de los empresarios en este foro.

Ulukaya, quien es emigrante curdo, dice haber creado su “imperio del yogur” de la nada, generando ventas por más 1.000 millones de dólares por ejercicio tras 5 años de trabajo, líderes en el mercado yankee. Empezó en 1994 estudiando inglés, se hizo profesor de negocios, posteriormente arrancó con una fábrica de queso y finalmente de yogures.

Una vez más, se enfrentan las visiones más o menos liberales. Para algunos privatizar el problema –centros de acogida, vuelos chárter de relocalizaciones, empresas de traducción– es la solución perfecta. Para otros es postergar la solución a un conflicto que solo se verá resuelto por vías políticas. Una nueva cumbre monográfica al más alto nivel ya ha sido solicitada por Juncker para febrero.

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